Acerca del examen final

Chic@s, el examen final del curso se realizará el día 14 de diciembre en la sala 508 V5, en el mismo horario en que teníamos clases.

Para quienes deben alguna evaluación, recuerden que el viernes 7 de diciembre es el día estipulado para recuperar esas notas.

Eso por ahora. Chau...

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Ensayo viernes 30-11

Estimad@s, como ya saben, para el próximo viernes 30 de noviembre está fijada la entrega de un ensayo en sustitución del cuarto control de lectura (y que se suma al comentario que ya hicieron en el blog).

Mi interés es que su texto sea medianamente breve: unas tres páginas tamaño carta en letra Times New Roman tamaño 12 y con un interlineado de 1,5.

Tratándose de un ensayo, el texto debe girar en torno a una temática o a una problemática, para lo cual pueden emplear uno o más textos de los estudiados durante el semestre. Obviamente, las referencias a estos textos deben hacerse mediante citas tanto directas como indirectas (les dejo un enlace para que se guíen según el formato APA). Además de estas fuentes primarias, les pido que recurran por lo menos a un par de fuentes secundarias, es decir, estudios sobre el tema o sobre el(los) texto(s) respecto del(los) cual(es) están ensayando un juicio. Pueden ser algunos de los artículos que leímos en el curso u otros que ustedes prefieran (en las diversas entradas del blog pueden hallar sugerencias de artículos para los diferentes textos). Pese a ello, lo fundamental es que en el escrito prime su juicio personal y no que el ejercicio se vuelva una mera aplicación teórica o conceptual. Por último, agreguen un apartado en donde esté la bibliografía que usaron (sigan el formato APA).

El ensayo me lo entregan en papel la próxima semana y también en un archivo Word, pues mi objetivo es subirlo al blog.

Cualquier consulta que tengan, háganmela llegar mediante esta vía.

¡Saludos!

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Sobre la Ilustración y las ilustraciones


I. La regularidad de la Ilustración

Referirse a la Ilustración —escrita en singular y con mayúscula— es una tarea compleja dada la ingente cantidad de apellidos (“inglesa”, “francesa”, “española”, “norteamericana”, etc.) y/o localizaciones geográficas (“en Alemania”, “en Italia”, “en Escocia”, etc.) que tienden a acompañar al vocablo y que, paradojalmente, en lugar de mantener su singularidad propician la pluralización del mismo; de ahí “las muchas ilustraciones diferentes” de que habla Dorinda Outram (2009: 17). Por otra parte, considerar cada ilustración en los términos de una absoluta peculiaridad volvería totalmente inadecuada la utilización del sustantivo. No se trataría, entonces, de una ilustración sino que derechamente de otra cosa. Por ende, el hecho de apellidar el nombre implica, simultáneamente, el reconocimiento de una relación tanto como de un distanciamiento, de una afiliación y una desafiliación, de distintas variantes cruzadas por una misma invariante, de una regularidad —al decir de Foucault (1979)— que da coherencia a la dispersión discursiva.

Pues bien, en primer lugar, ¿cuál vendría a ser esta regularidad en la dispersión o esta invariante que gobierna los discursos ilustrados? Nos parece que una respuesta satisfactoria a esta pregunta la podemos encontrar en el famoso ensayo de Immanuel Kant “Was ist Aufklärung?” (“¿Qué es la Ilustración?”), aparecido en diciembre de 1784 en la revista alemana Berlinische Monatsschrift (Revista Mensual de Berlín). Allí, Kant define la Ilustración como “la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad” (1999: 17), entendiendo por “minoría de edad” la incapacidad de servirse de las propias facultades intelectuales y por “autoculpabilidad”, la cobardía y la pereza de renunciar a una autoridad ajena en los dominios de la razón. Se sigue entonces que la Ilustración es tanto un acto volitivo como un acto racional, además de un proceso en desarrollo (Foucault, 1999: 338).

De acuerdo al filósofo alemán, la condición primordial para que la Ilustración pueda hacerse efectiva es “la libertad de hacer siempre y en todo lugar uso público de la propia razón” (1999: 19), uso caracterizado por el empleo docto de la razón ante el mundo de los lectores y en el que “la razón debe ser siempre libre” ya que “sólo este uso puede traer Ilustración entre los hombres” (1999: 20). En contraposición a esta práctica, Kant identifica un “uso privado” de la razón según el cual ese mismo hombre docto, en tanto “parte de la máquina” estatal, debe comportarse pasivamente y dejarse guiar por el gobierno a fin de no perturbar el orden público. En este último caso “no está permitido razonar, sino que se tiene que obedecer” (1999: 20); en el primero, en cambio, la consigna en cierto modo se invierte: “¡Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!” (1999: 25). La obediencia es en ambos casos necesaria y Kant lo estima así porque entiende que ésta es la única manera de asegurar una finalidad pública al razonar. La Ilustración, por consiguiente, se concibe como un proceso de desarrollo individual encuadrado en un determinado sistema político, situación que, a su vez, permite que tal proceso se vuelva colectivo. Dadas ciertas condiciones objetivas favorables (el aseguramiento de la libertad personal; “la ausencia de toda persecución”, dirá Foucault), los hombres pueden salir “gradualmente del estado de rusticidad por sus propios medios” (1999: 24). Decimos que “pueden salir” y no que efectivamente “saldrán” de ese estado puesto que —como ya lo hemos señalado— la ilustración es un acto de voluntad. No hay solamente un determinismo externo sino también, y especialmente, una determinación interna del sujeto. Es el propio sujeto quien debe adquirir conciencia de su culpabilidad a fin de revertirla y poder alcanzar la mayoría etaria.

Precisamente, esta toma de conciencia crítica de la propia situación es —a nuestro modo de ver— el punto nodal de la Ilustración en cuanto ella es la primera época que realiza sobre sí este ejercicio y que se autoasigna un nombre (Foucault, 1985: 200). De este modo, el Iluminismo se reconoce como el momento de emergencia de una problematización de la actualidad, de la cual se forma parte y en relación a la cual hay que situarse. Se trata, en el fondo, de la “crítica permanente de nuestro ser histórico”, ejercicio intelectual que se reiterará desde entonces hasta volverse la “actitud” o el “ethos filosófico” característico de la modernidad (Foucault, 1999: 345).


II. “las muchas ilustraciones diferentes”: la dispersión ilustrada

Pero esta actitud emergente no viaja en soledad. Junto a ella circula un cuerpo de ideas cuyo foco irradiador es fundamentalmente la Europa occidental del siglo XVIII, ideas entre las cuales es dable destacar el intento de “destruir una concepción religiosa de la vida” (Hazard, 1946: 2) que ya no es capaz de explicar totalmente la realidad; el predominio del método analítico y su aplicación en todos los campos del saber (dando origen y permitiendo adelantos a varias disciplinas científicas); la comprensión del hombre como “un ser perfectible, capaz de progresar indefinidamente” y, por consiguiente, “como un producto del medio social y de las instituciones” (Escobar, 1980: 15); y la difusión de las teorías contractuales de la sociedad, a partir de las cuales se entiende que ésta “no es el efecto de una institución divina y ni siquiera natural, sino que su origen es meramente humano y convencional” (Escobar, 1980: 30).

Ahora bien, ¿se despliegan esa autocrítica y esas ideas de la misma forma en todas partes? Pensamos que no; ya el hecho mismo de que la primera constituya una crítica de nuestro ser histórico o una problematización de la actualidad a la cual se pertenece da cuenta de los variados matices de desarrollo que puede adquirir. En realidad, el desenvolvimiento de tales ideas y de tal “mecanismo —como lo llama Agapito Maestre— a través del cual se constituye autónomamente la razón frente a cualquier tipo de dogmatismo” (en Kant, 1999: XIII) dependerá siempre de las características del escenario sobre el cual pretendan actuar. Así lo deja muy en claro, por ejemplo, Dorinda Outram cuando sostiene, respecto a la relación entre Ilustración y gobierno en el siglo XVIII europeo, que hay una necesidad de juzgar aquel vínculo de una forma “más dinámica, menos anacrónica y más sensible a la presión de patrones y situaciones regionales y nacionales” (2009: 47).

A raíz de esto es que, como lo sostienen a manera de ejemplo Daniel Carey y Lynn Festa, “La Ilustración escocesa no replica la francesa o la germana como si cada una fuera la expresión de una idea matriz” (2009: 7-8. Traducción nuestra). En rigor —prosiguen estos autores—, lo que emerge en Europa es una diversidad tal de expresiones locales del término “Ilustración” que precederla del artículo definido “la” resulta engañoso. Por lo mismo, más conveniente sería comprender este movimiento como “un estado de tensión intelectual en lugar de una secuencia de proposiciones similares” (Judith Shklar citada por Carey y Festa, 2009: 6. Traducción nuestra) o —siguiendo a Dorinda Outram— como “una cápsula que contiene conjuntos de debates que parecen ser característicos de las formas en que las ideas y opiniones interactúan con la sociedad y la política” (2009: 17). En el ámbito europeo, entonces, no existiría —como lo hemos intentado mostrar al caracterizar muy someramente las modalidades francesa y española— la Ilustración sino que “muchas ilustraciones diferentes”.

2.1. Las ilustraciones francesa y española

Los casos de Francia y España son útiles para respaldar estas aseveraciones.

En el país galo, los philosophes, apoyados por una naciente burguesía y ajenos —en su gran mayoría— a la administración política, tendieron a plantear críticas severas respecto de la iglesia, la aristocracia o la monarquía y a proponer, por ende, transformaciones profundas para la sociedad de su época. En España, en cambio, las nuevas ideas no contaron —al menos no en un comienzo— con la ayuda de una clase independiente y dispuesta a enfrentarse a los sectores sociales más poderosos.

En el país ibérico los ilustrados tuvieron en contra al sector alto de la nobleza, a las jerarquías eclesiásticas y al pueblo, por lo cual su único soporte pudo ser una monarquía borbónica ansiosa por recuperar la hegemonía perdida bajo el gobierno de los Austrias y que entendía que la única forma de hacerlo era poniéndose al día respecto de los conocimientos y avances que el resto de las naciones europeas iban alcanzando y utilizando. En consecuencia, las propuestas de esta minoría ilustrada debieron atenerse en todo momento a los dictados del poder real y a la estructura social imperante, la cual no podía ser desarticulada a riesgo de generar una crisis política. Al decir de Antonio Domínguez Ortiz, “los hombres del Absolutismo ilustrado hicieron lo que en su tiempo y en sus circunstancias podía hacerse teniendo en cuenta la época y las circunstancias. No podían contar con un fuerte apoyo en una sociedad débil y muy alejada de cualquier radicalismo”, por lo tanto, “un cambio profundo de las estructuras ni entraba en los planes de aquellos hombres ni tenían medios de efectuarlo en caso de haberlo pretendido”. Así fue como el Iluminismo hispano vino a caracterizarse por su nacionalismo, su moderación, su adhesión a las ciencias útiles —en desmedro de las especulativas, que podían atentar contra la corona y la Iglesia— y su reformismo (manifestado en el aliento del comercio, la industria y el retorno a una religión sencilla y apegada a las Escrituras).

2.2. La Ilustración hispanoamericana

Hispanoamérica, por su parte, inició la integración de las nuevas ideas en estrecho contacto con la vertiente ilustrada española: “todos los pensadores criollos de entonces se reconocen e identifican en el fondo común de la ilustración hispánica”, asegura Mariano Picón-Salas (1944: 205). En efecto, su arribo se debió, por un lado, a la acción de frailes y funcionarios hispanos que traían una mentalidad innovadora y, por otro, al ingreso de textos españoles originales y de traducciones, que permitieron la difusión de los conocimientos y postulados modernos (Góngora, 1998: 179-188). Esto generó que el iluminismo hispanoamericano se viera mediado también por los intereses monárquicos y eclesiales y que adoptara, por tanto, rasgos moderados, prácticos y reformistas (Chiaramonte, 1992: XX; Soler: 1994: 108). Sin embargo, el nacionalismo que se propaló en España no pudo ser reeditado en ultramar, ya que los sectores más letrados de la población local —los criollos— sentían más apego hacia su tierra natal que hacia la de sus ascendientes, además que sus intereses económicos dife­rían de los intereses reales. Por ello, las ideas ilustradas fueron acogidas por éstos —frailes incluso, que tuvieron acceso a textos de corte ilustrado gracias al Real Patronato y a una monarquía adepta, en parte, al ideario iluminista— de un modo más unilateral y acrítico, dando pie al surgimiento de una “autoconciencia” y un “autorreconocimiento” (Roig, 1983: 82) que devendrán, a la larga, en un distanciamiento respecto de lo español (de allí la crítica al proceso de Conquista y la alabanza a los pueblos indígenas en algunos textos de la época).

Pasemos ahora al ámbito de la literatura hispanoamericana colonial de la Ilustración. Lo colonial, en este caso, está dado por la fecha límite de 1810 e indica una continuidad respecto de una dependencia política, económica y cultural que hasta entonces —aunque con matices diversos— todavía se mantiene vigente hacia la metrópoli española. Lo ilustrado, por el otro lado, brindaría una connotación rupturista a esa literatura. Para Ana Pizarrro (1985: 32-35) el Iluminismo es uno de los tres momentos que componen el llamado “Periodo de la Emancipación” de la literatura latinoamericana, periodo definido por “la expresión de una textualidad de contenidos concretos” y que se caracteriza por el quiebre con la implantación colonial hispana, la búsqueda de una originalidad creadora y la asunción de Francia como el polo cultural activo. De tal manera, la Ilustración ve manifestarse esos contenidos antes mencionados en la formación de una primera conciencia nacional, en la emergencia de la figura del “intelectual iluminista” cuyos proyectos escapan “al estricto plano literario” y, en relación con esto último, en la práctica de una literatura de carácter público que estuvo “al servicio de la difusión polémica de las nuevas ideas” (Osorio, 2000: 25). Con ello, la noción misma de literatura se vio profundamente afectada por el utilitarismo al que fue sometida y pasó a adquirir “un sentido sumamente lato y bastante ajeno a las cuestiones puramente artísticas o estéticas” (Osorio, 2000: 25).

Ahora bien, ¿será posible pluralizar el concepto de “Ilustración hispanoamericana”? Tal vez sí, tal vez no. No lo sabemos con certeza aún, sin embargo, ello no invalida la formulación de tal interrogante; muy por el contrario, la incertidumbre al respecto constituye un aliciente para intentar resolver el problema. Por supuesto, no se trata de desconocer un régimen común de colonialismo bajo el cual se hallaba sometido el subcontinente ni, mucho menos, de desatender importantes estudios de conjunto como los de Mariano Picón-Salas (1944), José Carlos Chiaramonte (1992), Ricaurte Soler (1994) y Mario Góngora (1998). Al poner en cuestionamiento la denominación general de “la Ilustración hispanoamericana” nuestra intención no es otra que ampliar la mirada crítica y dar cabida a la posibilidad de la diferencia interna. Los pareceres de Shklar, Outram, Carey y Festa acuden en nuestro apoyo, mas ya el mismo eclecticismo que Soler y Góngora estiman característicos del Iluminismo subcontinental podría brindar un primer sustento a esta postura.

La pregunta es sugerente, empero, su complejidad excede los alcances de la presente investigación. Aun así, no rehuimos completamente de su presencia en tanto es a partir suyo que nos abocamos al examen de la Ilustración desarrollada en la literatura chilena durante el periodo 1770-1810, problematizando acerca de su carácter en relación con el Iluminismo literario hispanoamericano en general. Dicho en otros términos, quizá más sencillos, la cuestión se reduce a lo siguiente: esta Ilustración, allende lo meramente geográfico y siempre dentro del ámbito literario, ¿se limita a ser sólo parte de un todo mayor (su homónima hispanoamericana en este caso) o se manifiesta como una entidad distinta y, por ende, relativamente autónoma respecto de aquella totalidad?

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Algunos comentarios sobre la Relación autobiográfica

Ser mujer no era fácil en la colonia; se estaba sometida a la voluntad del hombre (padre, marido, hermano, etc.) y la adquisición de una educación elemental era un privilegio reservado casi exclusivamente para aquellas que pudieran pagar su ingreso a un convento. Ahora, ser mujer y además monja podía resultar doblemente complejo, doblemente marginal. Sin embargo, la vida monjil no necesariamente significó una pesada carga y una estricta obediencia. Para muchas mujeres el claustro representó la posibilidad de liberarse de la tutela masculina en el mundo civil y lograr cierta autonomía e independencia en el mundo religioso. Puede parecer contradictorio, pero así fue en muchos casos. Para ahondar un poco en esto, les recomiendo la lectura de Las chilenas de la Colonia, de Cecilia Salinas.

En mi opinión, en algunos aspectos de la Relación autobiográfica, de sor Úrsula Suárez, es dable hallar esta libertad detentada por la mujer al interior del convento. Las constantes quejas ante la obligatoriedad de la escritura (un posible juego barroco entre lo que se muestra y lo que se oculta, lo silenciado y lo dicho), las visitas de los "endevotados" y los engaños hechos a los mismos pueden tomarse como ejemplos de tal situación.

Hay dos estudios muy importantes que pueden leer sobre la autobiografía de Úrsula Suárez: "La autobiografía como penitencia", de Rodrigo Cánovas, y "Escritura de monjas durante la colonia: el caso de Úrsula Suárez en Chile", de Adriana Valdés. Particularmente importante me parece este último texto, dado que encuadra el análisis de la obra dentro de lo que son los relatos conventuales y establece las transgresiones que ejecutaría la narración de sor Úrsula en relación con este género: no es claro el esquema de una vida como camino de perfección; no se escribe como lección o literatura edificante; se escribe desde una perspectiva femenina; se infringe el orden colonial. Quizá en esto último coopere el hecho de que el manuscrito no alcanzó a ser editado completamente por el confesor de sor Úrsula.

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Relación autobiográfica, de Úrsula Suárez

Estimad@s, esta entrada es sólo para recordarles que este viernes 26 hablaremos sobre la Relación autobiográfica, de sor Úrsula Suárez. Es un relato ameno (mucho más que algunos otros), así que mi idea es que la lean completa. Intenten avanzar en la lectura de aquí al viernes.

Trataré de adelantar algo también sobre el tema de la Ilustración hispanoamericana y chilena, pues nos quedan pocas sesiones y tenemos que tratar de aprovecharlas al máximo.

¡Saludos!

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Cautiverio feliz, de Pineda y Bascuñán

Llegó la hora de saldar deudas, y la primera es con el Cautiverio feliz de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán. Les copio los enlaces de la edición completa y crítica del texto: tomo I y tomo II; la edición de 1863 la pueden hallar en Memoria Chilena.

El primer aspecto que tratamos sobre el Cautiverio fue el de su estatuto genérico, el que me parece estar marcado por un juego de heterogeneidad y unidad. Es un texto heterogéneo en la medida en que en él coexisten distintos discursos: judiciales, político-administrativos, autobiográficos, religiosos, literarios, etc.; de ahí que Eduardo Barraza hable de su "compleja enciclopedia discursiva" en su ponencia "Los araucanos en la historia...". Pero también la crítica se ha preocupado de especular en torno al punto en que la variedad discursiva confluye en una unidad, unidad que se hace más fácil de identificar si comprendemos que la estructura básica del Cautiverio se configura a partir de un relato y una serie de digresiones. Así, Carlos Díaz Amigo apuesta por la forma oratoria del "veillicha" mapuche como gozne del texto; Carmen de Mora, en "El estatuto del exemplum en el Cautiverio feliz", señala que narración sirve como fuente de ejemplos para los argumentos desarrollados en las digresiones; Cathereen Coltters, por su parte, sostiene en su estudio "El discurso utópico en una obra colonial chilena..." que relato y digresiones se integran a través del discurso de la utopía. Podríamos citar otras opiniones, pero lo dicho ya es suficiente.

Un segundo tópico interesante de comentar fue el de la experiencia del cautiverio. Según lo expone Gilberto Triviños en "´No os olvidéis de nosotros': martirio y fineza en el Cautiverio feliz", siguiendo a Jaime Concha, hay dos grandes grupos narrativos en los relatos de cautiverio coloniales: a) relatos de la crucifixión (literal o simbólica); y b) relatos de las "finezas bárbaras", grupo en el cual entraría nuestro texto en tanto el cautiverio se vuelve una instancia de transferencia y de aprendizaje mutuo. El mismo Concha habla también de tres paradojas que instala el fenómeno del cautiverio, las que, por cierto, se podrían leer en el escrito de Pineda y Bascuñán: 1) la ruptura de la jerarquía vertical, en cuanto el dominador pasa a ser dominado; 2) la transgresión de fronteras, en cuanto el cautiverio pasa a ser un fenómeno de comunicación y aprendizaje; y 3) la fusión o "milagro cultural", en cuanto se abre la esperanza de una comprensión interétnica. Un último punto a tocar en este tópico tiene que ver con lo que Triviños llama los "juegos al trocado", es decir, todas aquellas situaciones en que se modifican y/o intercambian las posiciones de los sujetos del relato. Es así como aparecen las figuras del "cautivo cautivado", del "cautivo cautivador" y del "cautivador converso" (el "bárbaro" -por su condición de pagano- que se convierte voluntariamente al cristianismo).

Desde acá, el salto al tercer tema tratado es muy fácil de hacer: la visión del "indio chileno" (utilizo las comillas porque son las palabras que utiliza el narrador). Según Triviños, el Cautiverio efectúa una crítica al discurso historiográfico colonial (Ercilla, González de Nájera, Ovalle) en tanto deshace la autoridad del discurso de la guerra de exterminio. El texto cumple una "función disolvente" en ese sentido, ya que muestra que los mapuche no son bárbaros sino seres clementes, piadosos, magnánimos y dóciles. De acuerdo al ya citado Eduardo Barraza, los discursos indígenas son escuchados y validados, sin embargo, queda la duda respecto de si ésa es realmente su voz o si es la voz de Pineda y Bascuñán exponiendo veladamente sus reclamos y acusaciones de criollo. Una lectura muy iluminadora en esta línea es la que ofrece el artículo "Casi semejantes: tribulaciones de la identidad criolla...", de Stefanie Massmann, el que pueden consultar también por el tema del discurso criollo.

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Presentación de proyectos de investigación

Estimad@s, recuerden que este viernes 19 de octubre deben presentar su proyecto de investigación, para lo cual han de guiarse por las instrucciones para el mismo que les entregué a comienzos del semestre.

La presentación tiene que ser tanto escrita como oral, por ende, lleven copias impresas de sus proyectos a fin de repartir un ejemplar a cada uno de nosotros. La idea es que la exposición sea breve, de unos 5 minutos por persona.

Dejaré los últimos 45 minutos de la clase para esta actividad. Las dos primeras horas las dedicaremos al Cautiverio feliz, del que pronto -ahora sí- haré una entrada.

¡Saludos y buen fin de semana!

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Segundo control de lectura

Estimad@s, como estaba fijado en el cronograma del curso, este viernes aplicaremos el segundo control de lectura del curso. En esta ocasión, los textos a evaluar serán la Historia de todas las cosas acaecidas..., de Alonso de Góngora Marmolejo, y la Histórica relación del Reino de Chile, de Alonso de Ovalle.

Haré una pregunta por texto y trataré de que éstas sean muy puntuales, cosa de no alargarnos mucho.

Eso, pues. ¡Saludos!

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Seminario acerca de la verdad

Estimad@s estudiantes, hace poco me enteré que este viernes, de 08:30 a 12:30 hrs., habrá una actividad en la universidad titulada "Seminario acerca de la verdad". Les escribo para saber quiénes asistirán, con tal decidir lo que haremos para la clase de esta semana.

Espero que puedan responderme lo antes posible.

¡Saludos!

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Segundas Jornadas de Literatura General y Comparada

Chic@s, les dejo aquí el blog de las Segundas Jornadas de Literatura General y Comparada, a realizarse en la Universidad de Chile durante el mes de noviembre.

Creo que a algunos de ustedes les puede interesar. Si es así, deben apurarse en enviar un resumen de su ponencia porque el plazo fatal es el 30 de septiembre.

¡Suerte!

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Clase viernes 28 de septiembre

Estimadas y estimados, para la clase que se avecina tengo pensado lo siguiente:

1. Retomar lo que comentamos la última sesión acerca de la Historia de todas las cosas..., de Alonso de Góngora Marmolejo, y añadir a ello alguna alusión al tema de los retratos de gobernadores que se hallan en el texto. Para esto, me estoy basando en un artículo de Miguel Donoso y Javiera Jaque titulado "Vicios y virtudes del gobernador".

2. Analizar, según los puntos indicados en una entrada anterior, la Histórica relación del Reino de Chile, de Alonso de Ovalle. Recuerden que Alberto y Cristóbal tienen la selección correspondiente a este texto.

3. Si alcanzamos, comentar algunos temas y problemas respecto al Cautiverio feliz, de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, texto al que, durante los próximos días, espero dedicarle una entrada. Mientras tanto, les dejo el video de la película, a ver si tienen tiempo de observarla.

¡Saludos!



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Sobre presentación de proyectos de investigación

Estimad@s, de acuerdo al programa del curso, para este viernes 28 de septiembre ustedes deben realizar una presentación oral y escrita de sus proyectos de investigación. Sin embargo, quería proponerles que dejásemos esta actividad para la sesión del 19 de octubre, ya que para entonces tendremos más tiempo disponible. En las dos clases que vienen  (28-9 y 5-10) tenemos que hablar de tres textos y ello seguramente nos ocupará todo el horario.

Bueno, pues, espero sus comentarios para que tomemos una decisión en conjunto.

¡Saludos!

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Histórica relación del Reino de Chile, de Alonso de Ovalle

Y seguimos con los Alonsos. Primero fue el poeta-soldado Ercilla; luego el soldado-cronista Góngora Marmolejo; y ahora el jesuita-historiador Ovalle, de cuya Histórica relación del Reino de Chile, publicada en 1646, nos ocuparemos en la siguiente sesión (también hablaremos del Cautiverio feliz, de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, para el cual dedicaré una entrada aparte durante los próximos días).

Mucho tiempo no tengo en estos momentos, por lo cual sólo les daré algunas orientaciones para la lectura del texto. Por cierto, no deben leerlo completo, sino únicamente las siguientes secciones (Alberto y Cristóbal tienen una fotocopia de éstas):

- "Prólogo al letor".
- Libro 1: caps. I, II, III, IV, V y XXIII.
- Libro 3: caps. II y III.
- Libro 6: caps. XVI y XVII.
- Libro 7: caps. IX, X, XI y XII.
- Libro 8: cap. XXVI.

De entre la ingente cantidad de aspectos que pueden tratarse acerca y a partir de la Histórica relación, en esta ocasión me inclinaré por cuatro problemáticas que me parecen importantes:

a) La disyuntiva "Historia"/"Relación", esto es, un problema genérico similar al que observamos en la Historia de Alonso de Góngora Marmolejo.
b) La doble modalidad del texto: palabra e imagen. El texto escrito viene acompañado de una serie de grabados que refuerzan lo dicho. Me interesa que analicemos y comentemos algunos de estos grabados en clase, así que acá les dejo el enlace a una selección de imágenes.
c) El panegírico de la naturaleza del reino. ¿Por qué las constantes alabanzas? ¿Por qué la elaboración discursiva de un verdadero paraíso terrenal? ¿Por qué la comparación (no el contraste, ojo) con Europa? Intentemos responder estas preguntas.
d) La alteridad. Sé que ya han trabajado este tema-problema con La conquista de América. El problema del otro, de Tzvetan Todorov, por lo que creo que no les será muy difícil hacer la aplicación al texto de Ovalle. En este punto, me interesa que discutamos en torno al modo de conquista que propugna la Histórica relación y sobre el cautiverio y la valoración que Ovalle tiene de esta experiencia.

Como lectura complementaria, les recomiendo un buen artículo de Andrés Prieto titulado "Maravillas, monstruos y portentos". Pueden revisar también, si les interesa, el estudio de Walter Hanisch: El historiador Alonso de Ovalle.

Bueno, pues, ya los dejo tranquilos. Espero que disfruten estos días y que recarguen pilas para lo que queda de semestre.

¡Muchos saludos!

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La Historia de Góngora Marmolejo

Hay dos problemáticas interesantes que abordar en torno a la Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile y de los que lo han gobernado, de Alonso de Góngora Marmolejo: su constitución genérica y su condición de enunciación. Obviamente, no son las únicas que se pueden trabajar, pero son las dos que desarrollaré brevemente en esta entrada.

Respecto al primer asunto, siguiendo las formulaciones de Walter Mignolo, vale la pena preguntarse si el texto de Góngora Marmolejo es efectivamente una "historia" (como lo señala su mismo título), una "relación", una "crónica" o todas ellas simultáneamente. Personalmente, me la juego por esta última opción. Así, por ejemplo, el "yo he visto" o el "yo me informé", que marcan el relato, dan cuenta de su adscripción a la preceptiva historiográfica de la época; el predominio del componente cronológico, por otro lado, lo dota de un carácter a todas luces narrativo, más propio de la crónica; y el que el texto responda a la petición de Juan Ovando y que esté dirigido a él, lo aproxima al tipo discursivo de la relación.

En cuanto a la segunda problemática, llama la atención el que Góngora acuse y condene los vicios de la mayoría de los gobernadores del Reino de Chile (exceptuando a Rodrigo de Quiroga) y que, al mismo tiempo, demande mejores premios para los soldados y vecinos del reino, que son quienes -de acuerdo a su relato- detentan las virtudes dadas por la lucha, conocen en terreno la situación de la guerra y han cargado con la mayor parte de los "trabajos" (penurias, infortunios) suscitados por ella. De allí que Lucía Invernizzi, en "Estructura de la Historia de Góngora Marmolejo", identifique la presencia de tres discursos en la Historia de todas las cosas...: el histórico (de la fama y del fracaso); el judicial (defensa de los derechos de los soldados y vecinos marginados dentro de la sociedad colonial y acusación contra quienes los han tratado injustamente) y el político o deliberativo (que compromete problemas de gobierno y administración del reino y de conducción de la guerra de Arauco).

A partir de este último punto, podemos concluir que el texto de Góngora Marmolejo es un cuestionamiento a la forma de llevar adelante la conquista del reino, y un cuestionamiento -cabe resaltar- enunciado por un sujeto integrante del sector hegemónico. Como lo diría Raymond Williams, no estamos acá ante la presencia de un discurso "contrahegemónico" sino ante la solicitud manifiesta de una "hegemonía alternativa". En otras palabras, no se critica la conquista militar en sí, sino el modo y a los responsables de llevarla a cabo.

A ver si durante la próxima sesión retomamos esta idea...

¡Saludos!

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La Araucana, de Alonso de Ercilla

"Y es un color, es apariencia vana / querer mostrar que el principal intento / fue el estender la religión cristiana, / siendo el puro interés su fundamento; / su pretensión de la codicia mana, / que todo lo demás es fingimiento, / pues los vemos que son más que otras gentes / adúlteros, ladrones, insolentes" (Canto XXIII).

Cuando nos preguntamos qué es lo que sabemos de La Araucana, casi de inmediato aparecen respuestas que apuntan al elogio de los mapuche: su fuerza, su valentía, su sabiduría, etc., son cualidades que comúnmente les arrogamos.

Por un lado, es cierto que esta apología física y moral se halla presente en las páginas del texto, predominando, sin duda alguna, la cualidad guerrera asignada a los indígenas; belicosidad que se ha interpretado -y perpetuado- como rasgo constitutivo y natural de su carácter. Sin embargo, la naturalización de tal característica ha permitido obviar o moderar su motivación fundamental, motivación que se explicita en el texto pero que, al parecer, la crítica y la historiografía literaria más tradicional no gustan de resaltar demasiado: la defensa del territorio y de la libertad propios. Con todo, esta práctica no extraña tanto en un país donde los indígenas "que a ningún rey obedecen" fueron antes los "bárbaros" y son ahora los "terroristas".

Por otro lado, esta lectura del poema ercillano oblitera la imagen de otros de los protagonistas principales del relato: los conquistadores y encomenderos españoles. Conocemos el panegírico "araucano", pero, ¿qué sabemos de la imagen que de aquellos otros sujetos brinda el texto? No mucho, seguramente, y, no obstante, uno de los objetivos fundamentales del texto es plantear una crítica ácida a los invasores hispanos. Las palabras de Galvarino -citadas al inicio de esta entrada- son elocuentes al respecto, mas no son los únicos ejemplos que podemos encontrar en el poema. Vicios como la ambición y la codicia son condenados severa y reiteradamente por el narrador, pues vendrían a ser las causales tanto del fracaso conquistador (el caso más emblemático quizá sea el de Pedro de Valdivia) como del descalabro demográfico indígena. Es la violencia fundadora de que habla Gilverto Triviños en sus artículos "El eco de las voces muertas" y "Revisitando la literatura chilena": "No es la guerra bella la que está en el nacimiento de Chile. Es otra cosa: no la epopeya sino la tragedia. No el canto sino el llanto. No la vida sino la muerte", dice en este último.

Muy en línea con la política de la corona, la solución que propone La Araucana no es la conquista violenta sino la conquista persuasiva. Esto es, el tipo de conquista defendida y difundida por dominicos como fray Bartolomé de las Casas y fray Gil González de San Nicolás, quien predicó, en el reino de Chile, en contra de la guerra ofensiva y a quien Ercilla escuchó y conoció. Más información al respecto la pueden hallar en Las ideas de la guerra justa en Ercilla y en La Araucana, de William Mejías López.

En conjunto, todas estas situaciones socavan la "distancia épica" (Paul Firbas) propia de la epopeya, la que posibilita la monumentalidad del relato y de sus protagonistas, y permite la humanización de los mismos en tanto sus defectos y vicios son denunciados abiertamente. Vale agregar, por último, en este mismo sentido, la renuncia a la omnisciencia narrativa que Cedomil Goic estima presente en el exordio del primer canto de la primera parte de La Araucana.

Para terminar, les dejo los enlaces a dos recursos muy interesantes sobre Alonso de Ercilla y su poema: "Alonso de Ercilla y la épica virreinal" y "Memoria poética. Reescrituras de La Araucana".

¡Saludos!

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Sobre las cartas de Pedro de Valdivia

Según lo expone Mario Ferreccio Podestá en "El epistolario cronístico valdiviano y el scriptorum de conquista", no todo el corpus valdiviano está conformado por cartas; y de ellas, no todas constituyen epístolas relatorias. Mas, precisamente, la carta que nos interesa para el curso lo es: me refiero a la "Carta al Emperador Carlos V".

De acuerdo a Walter Mignolo, este tipo discursivo narra acontecimientos alusivos a la conquista, con el objetivo -añadirá Ferreccio Podestá- de tornar meritorios al capitán y su hueste ante el poder real. Justamente, el objetivo de la narratio es fundamentar la petitio manifestada por el emisor del texto.

Ahora bien, la mención de estas categorías nos permite entender que la modalidad relatoria no es la única que estructura la carta de Valdivia. Siguiendo los lineamientos expuestos por Leonidas Morales en "Cartas de petición: Chile 1973-1989", el escrito del español también puede comprenderse como una carta de petición. En este sentido -y corrigiendo en cierta medida el esquema propuesto por Morales-, considero que  este texto -y también otros del mismo tipo (la "Carta de Veracruz", de Hernán Cortés, por ejemplo)- se organiza en torno a cinco rasgos primordiales:

a) la presencia de unas determinadas peticiones;
b) un destinatario como instancia jerárquica de un poder público absoluto;
c) un emisor que escribe como sujeto público, pero subordinado el destinatario;
d) un despliegue de estrategias discursivas orientadas a concitar la buena voluntad del destinatario; y
e) un discurso o relato testimonial como fundamento de la petición, cuyo referente inmediato son los episodios de una conquista y/o "pacificación" de la que el emisor es agente activo.

La aplicación de este esquema a la carta valdiviana ya la hemos visto en clase y, para no alargarme tanto en esta entrada, les dejo la presentación en que desarrollo este punto y el referente a la estrategia discursiva desplegada en el texto.

¡Muchos saludos!

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Acerca de los estudios coloniales latinoamericanos

Como lo vimos en las primeras sesiones, los estudios coloniales latinoamericanos constituyen hoy un campo disciplinar bastante extendido dentro del mundo académico. De hecho, en Chile pueden encontrarse grupos de trabajo en varias universidades (USACH, U. de Chile, PUC).

Según lo expone Gustavo Verdesio en "Colonialism now and then", los estudios coloniales se segmentan en dos líneas investigativas. En primer lugar se ubica­rían las “prácticas disciplinarias hegemónicas”, consistentes en estudiar los textos coloniales desde una perspectiva literaria que, en el mejor de los casos, olvida la injusticia característica de las situaciones coloniales en que estos textos han sido producidos; en los peores casos —continúa Verdesio—, los especialistas acaban celebrando la mirada etnocéntrica de los sujetos criollos y europeos, a menudo autores de los textos canónicos. En segundo lugar, tenemos lo que Verdesio considera —corrigiendo a Walter Mignolo — no un nuevo paradigma sino un “nuevo modo de producción intelectual”, el que apunta fundamentalmente a la expansión del canon colonial mediante la incorporación de textos producidos por sujetos subalternos y a la formulación de nuevas prácticas de lectura considerando la diversidad y pluralidad discursiva del periodo colonial.

Ahora bien, aun cuando Verdesio sustente sus dichos en ejemplos concretos y recalque que en el campo de los estudios coloniales no hay lugar para terceros espacios o terceras vías, no puede soslayarse el hecho de que, a pesar de que los textos de nuestro interés en el curso sean obra de sujetos pertenecientes a la "ciudad letrada" (Ángel Rama), estos sujetos continúan siendo subalternos en cuanto están sumidos en un contexto colonial. Además, la preocupación por los textos de criollos letrados no tiene por qué ser una agenda necesariamente contraria a los planteamientos del “nuevo modo de producción intelectual”, pues también es útil a la hora de enriquecer el canon literario continental y nacional, es capaz de indagar en las situaciones coloniales (de injusticia) en que aquellos textos han sido producidos y en sus análisis puede incorporar saberes y cajas de herramientas originarias de disciplinas ajenas a la literatura.

De acuerdo a Eduardo Becerra, las formulaciones de discurso colonial y semiosis colonial, introducidas en el campo de los estudios coloniales por Walter Mignolo (19861992) y Rolena Adorno (1988), en su pretensión de “detectar una alteridad respecto a la hegemonía imperial”, han tenido como uno de sus resultados inmediatos la ampliación efectiva del canon, permitiendo la incorporación de nuevos referentes y, junto con ello, la complejización del mapa literario latinoamericano. Por otro lado, aquellas formulaciones, que se plantearon como alternativas a la noción de literatura en tanto se la consideraba fundada en criterios eurocéntricos, si bien no pudieron desplazarla nominalmente, y en la medida en que posibilitaron un incremento considerable del corpus de trabajo y un abordaje crítico distinto al sugerido por el análisis tradicional, incidieron —como hemos visto— en la renovación del campo y colaboraron —pensamos— en una resemantización del concepto. Después de los antedichos aportes de Mignolo y Adorno, los estudios coloniales latinoamericanos dieron cabida a la otredad colonial americana y se volcaron hacia un trabajo decididamente interdisciplinario en el que “sin el apoyo de la historia del derecho, la teoría legal, la filosofía política, la teología y la historia no es posible entender un corpus de textos tan complejo” (Raúl Marrero-Fente, Al margen de la tradición). Mientras, la noción de literatura —y en esto es innegable la participación también de la literatura testimonial— fue comprendida dentro del ámbito de las prácticas sociales, operación en la que probablemente tuvo mucho que ver el concepto de discurso (colonial) en cuanto éste solicitaba extender el alcance de lo estético a lo cultural (Adorno).

Bueno, ya me he extendido demasiado. Por último, sólo les dejo el enlace al artículo de W. Mignolo "Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista".

¡Saludos!

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Comentarios en el blog

Estimad@s estudiantes, para el día 21 de septiembre estaba fijado el segundo control de lectura, sin embargo, dado que -según entiendo- se suspenderán las clases esa semana, no podremos aplicarlo.
Para sustituir esa nota he decidido evaluar sus comentarios en el blog. No tengo una pauta definida, pero me interesa que participen y que compartan comentarios críticos sobre los textos y las materias que vayamos leyendo y tratando en clases. Otra cosa que me importa es que sus comentarios sean constantes. No basta con un par de comentarios de aquí a fin de semestre, sino que esta práctica debe volverse habitual (por lo menos una vez por semana).
Espero, entonces, que podamos hacer un uso fructífero de este espacio y que, al menos por un tiempo, el blog deje de ser uno de tantos que circulan por la red. De otro modo -si se fijan en la foto-, el castigo será traumático...

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La conquista de Chile

Si  bien no fue mucho lo que pude tratar sobre este tema en clases, me interesa dejarles algunas referencias bibliográficas que puedan sernos de utilidad para ahondar en el tema.
En primer lugar, cabe destacar la ya clásica Historia General de Chile, de Diego Barros Arana, la que pueden hallar completa en Memoria Chilena. Otras narraciones interesantes son la Historia de Chile, de Jaime Eyzaguirre, y la Historia General de Chile, de Alfredo Jocelyn-Holt (especialmente los dos primeros tomos).
Otros textos importantes son Guerra y sociedad en Chile, de Álvaro Jara, y las publicaciones de José Bengoa: Conquista y barbarieHistoria del pueblo mapuche  y La memoria olvidada.
Finalmente, los remito a un conjunto de textos sobre historia indígena chilena, los que fueron recopilados por Horacio Gutiérrez.
¡Saludos y hasta pronto!

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Teatro y literatura colonial

Les dejo la página web de la compañía teatral Tryo Teatro Banda, grupo que representa obras pertenecientes a la literatura colonial chilena (como La Araucana o el Cautiverio Feliz). Ténganla presente por si en algún momento pueden asistir a alguna de sus funciones.

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Documentos del curso

Estimad@s, les adjunto el programa del curso, las instrucciones para el trabajo final y la pauta de evaluación del trabajo final.
Saludos!

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¡Bienvenid@s!

Estimadas y estimados, mediante esta entrada les doy la bienvenida cibernética al curso con el anhelo de que este blog nos resulte de ayuda y de complemento a las sesiones en aula. Por supuesto, la idea es que esta instancia se vuelva un espacio polifónico y no meramente monológico para que tod@s podamos aprender, así que la invitación a participar queda totalmente abierta.
¡Sean bienvenid@s!

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