Cautiverio feliz, de Pineda y Bascuñán
Llegó la hora de saldar deudas, y la primera es con el Cautiverio feliz de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán. Les copio los enlaces de la edición completa y crítica del texto: tomo I y tomo II; la edición de 1863 la pueden hallar en Memoria Chilena.
El primer aspecto que tratamos sobre el Cautiverio fue el de su estatuto genérico, el que me parece estar marcado por un juego de heterogeneidad y unidad. Es un texto heterogéneo en la medida en que en él coexisten distintos discursos: judiciales, político-administrativos, autobiográficos, religiosos, literarios, etc.; de ahí que Eduardo Barraza hable de su "compleja enciclopedia discursiva" en su ponencia "Los araucanos en la historia...". Pero también la crítica se ha preocupado de especular en torno al punto en que la variedad discursiva confluye en una unidad, unidad que se hace más fácil de identificar si comprendemos que la estructura básica del Cautiverio se configura a partir de un relato y una serie de digresiones. Así, Carlos Díaz Amigo apuesta por la forma oratoria del "veillicha" mapuche como gozne del texto; Carmen de Mora, en "El estatuto del exemplum en el Cautiverio feliz", señala que narración sirve como fuente de ejemplos para los argumentos desarrollados en las digresiones; Cathereen Coltters, por su parte, sostiene en su estudio "El discurso utópico en una obra colonial chilena..." que relato y digresiones se integran a través del discurso de la utopía. Podríamos citar otras opiniones, pero lo dicho ya es suficiente.
Un segundo tópico interesante de comentar fue el de la experiencia del cautiverio. Según lo expone Gilberto Triviños en "´No os olvidéis de nosotros': martirio y fineza en el Cautiverio feliz", siguiendo a Jaime Concha, hay dos grandes grupos narrativos en los relatos de cautiverio coloniales: a) relatos de la crucifixión (literal o simbólica); y b) relatos de las "finezas bárbaras", grupo en el cual entraría nuestro texto en tanto el cautiverio se vuelve una instancia de transferencia y de aprendizaje mutuo. El mismo Concha habla también de tres paradojas que instala el fenómeno del cautiverio, las que, por cierto, se podrían leer en el escrito de Pineda y Bascuñán: 1) la ruptura de la jerarquía vertical, en cuanto el dominador pasa a ser dominado; 2) la transgresión de fronteras, en cuanto el cautiverio pasa a ser un fenómeno de comunicación y aprendizaje; y 3) la fusión o "milagro cultural", en cuanto se abre la esperanza de una comprensión interétnica. Un último punto a tocar en este tópico tiene que ver con lo que Triviños llama los "juegos al trocado", es decir, todas aquellas situaciones en que se modifican y/o intercambian las posiciones de los sujetos del relato. Es así como aparecen las figuras del "cautivo cautivado", del "cautivo cautivador" y del "cautivador converso" (el "bárbaro" -por su condición de pagano- que se convierte voluntariamente al cristianismo).
Desde acá, el salto al tercer tema tratado es muy fácil de hacer: la visión del "indio chileno" (utilizo las comillas porque son las palabras que utiliza el narrador). Según Triviños, el Cautiverio efectúa una crítica al discurso historiográfico colonial (Ercilla, González de Nájera, Ovalle) en tanto deshace la autoridad del discurso de la guerra de exterminio. El texto cumple una "función disolvente" en ese sentido, ya que muestra que los mapuche no son bárbaros sino seres clementes, piadosos, magnánimos y dóciles. De acuerdo al ya citado Eduardo Barraza, los discursos indígenas son escuchados y validados, sin embargo, queda la duda respecto de si ésa es realmente su voz o si es la voz de Pineda y Bascuñán exponiendo veladamente sus reclamos y acusaciones de criollo. Una lectura muy iluminadora en esta línea es la que ofrece el artículo "Casi semejantes: tribulaciones de la identidad criolla...", de Stefanie Massmann, el que pueden consultar también por el tema del discurso criollo.









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